El Heliograbado en México.

Desde la popularización de la fotografía como práctica cultural a finales del siglo XIX, existe una trayectoria de ediciones de alta calidad relacionada con México. Ya sean las vistas mayas de Désiré Chamay, los paisajes de Hugo Brehme o el trabajo de heliograbado elaborado por Paul Strand, Francisco Toledo y Graciela Iturbide, encontramos un constante interés por la impresión fina y permanente. En este contexto Ediciones Izote: Taller de Gráfica y Heliograbado propone el rescate y difusión de la técnica del heliograbado. Cabe señalar que el heliograbado en cobre se remonta a los inicios de la fotografía, cuando las imágenes impresas con sales de plata aún no eran muy permanentes. Por eso, los pioneros de la fotografía buscaron alternativas más durables a las efímeras impresiones en plata. Durante años se fue mejorando la técnica hasta perfeccionar lo que conocemos como heliograbado: un proceso único en la historia fotográfica. El fotógrafo modernista norteamericano Alfred Stieglitz decía que las reproducciones en heliograbado que se hacían en su revista Camera Work (1903-1917), no eran reproducciones sino múltiples originales. Lo que le da la calidad de “original” a una estampa en heliograbado sobre una reproducción litográfica, de serigrafía, o digital, es el carácter binario de estos últimos tres procesos: o sea se imprimen o no se imprimen, pero no hay medios tonos.  Un heliograbado, en comparación, es grabado continuamente mientras se forma la imagen. Cabe mencionarse además que la estampa de un grabado deja la imagen literalmente impresa dentro del papel, con un minucioso relieve de tonos y de la marca de la plancha.  Todos estos detalles hacen verdaderamente únicas las copias del heliograbado.